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20 de enero de 2019

Las mascotes de Maria Helena, Portugal


Cuando escuchamos la palabra “muñeca” la solemos asociar a la infancia porque entendemos que se crearon para jugar, pero muchas fueron hechas como objeto decorativo o recuerdo de un viaje. Con este fin nacieron las mascotes portuguesas de las manos de Maria Helena Margarida de Campos Silva Cardoso.



Vio la primera luz en Lisboa en 1920 y desde muy joven tuvo gran curiosidad e imaginación por los trabajos manuales, herencia que recibió de sus tíos maternos dedicados a la pintura y a la música. Pronto creó  artesanalmente sus muñecas de tela que reflejaban la extensa variedad de los trajes regionales de su país. Tras su boda en 1945 y con el apoyo de su marido, posteriormente de sus hijos y siempre de sus empleadas, continuó con la empresa hasta su muerte en 1987 aunque durante dos años más las mascotes se siguieron haciendo. Fue por tanto una compañía muy longeva.



Paso a describirlas: las he visto en dos medidas, 17 y 27 cms, hechas en tela con un alambre en el interior para mantenerlas erguidas y generalmente con zapatos de piel que cubren los pies, muy grandes. La cabeza puede moverse y los brazos, que suelen estar abiertos, haciendo ángulo y separados del cuerpo, subirse. Los ojos miran a un lado y tanto ellos como las pestañas y la boca están bordados, sin embargo los mofletes y la frente están pintados. Un detalle curioso es que los chicos sonríen y las chicas tienen labios en forma de O. Las cejas suelen ser una línea en diagonal y la nariz se representa con dos puntos. Todo esto da mucha personalidad a la cara y algunos parecen serios, pero otros son más dulces, risueños y alegres.  Como no fueron muñecas jugadas, la mayoría ha conservado sus etiquetas.





Llevan detalles de fieltro, lana, algodón, piel, fibras vegetales y se acompañan de cestas, redes, pañuelos y hatillos en la cabeza, sombreros, delantales, paraguas, etc con una gran riqueza de colores y bordados. A veces cargan con peces, gallinas, patos, verduras, cereales porque casi siempre son personajes del campo y del mar: agricultores, pastores, pescadores, mujeres que vienen del huerto o van al mercado, que devanan lana o hacen otras tareas. También hay algún músico.










Aunque menos comunes también encontramos banderilleros, recortadores y toreros (hombres y mujeres que a veces aparecen en grupos). Hay algunas damas e incluso he visto una holandesa y una estudiante.











Las mascotes también nos muestran la forma de vestir de las regiones portuguesas, así vemos a dos jóvenes de Madeira, él llevando plátanos (a la derecha de la imagen) y ella con el colorido traje de la isla.






Solo tengo dos moñas que son regionales, una es lisboeta y lleva ropa muy alegre, pañuelo rojo sobre la cabeza y camisa verde. La otra es de Estremadura (con S) y se cubre el pelo con un tocado negro. Como es pescadora lleva un pez en la mano y va descalza. Bajo el delantal viste nada más y nada menos que siete faldas y enaguas.















La suela de uno de los zapatos estaba descosida lo que me permitió ver una pieza metálica que le proporciona  peso y estabilidad.  Me gusta poder  ver “las tripas” de las moñas cuando llegan con alguna rotura, siempre se aprende algo. Por cierto, a veces las suelas van marcadas, no en el caso de mi pareja.





Al igual que otros muñecos de tela españoles como los Klumpe, Roldán, Layna, etc, muchos viajaron en las maletas de los turistas y se pueden encontrar en varios países, en buen estado y conservando sus etiquetas. En el caso de los citados muñecos españoles suele haber más calidad en el diseño y los detalles y mucha variedad en la representación de profesiones o en momentos de la vida diaria, en ocasiones aparecen niños o conjuntos familiares, o son humorísticos, pero en los portugueses no he visto esta variedad, quizá la haya pero no la conozco.



Buscando fotografías he encontrado unas muñecas portuguesas que son parecidas y me pregunto si se trata de una variante de las mascotes salidas también de las manos de Maria Helena o bien son copias.  Veo algunas diferencias: la forma de las cejas es curva, más realista, las pestañas son superiores y no laterales y la boca de las chicas tiene forma de triángulo o corazón. Pongo una imagen de tres moñas, las altas son mascotes y la pequeña es la desconocida.



Otros dos ejemplos donde se pueden apreciar bien las diferencias.





Como siempre, añado las cajas que he encontrado. En las de Maria Helena veo tres modelos, el primero es de fondo rosa anaranjado y hay fotografías de muchas mascotes, igual que el segundo, similar pero con fondo blanco. En el tercero la caja es más sencilla, solo con letras dispuestas en diagonal. Desconozco la cronología de estas cajas pero pienso que la última puede ser la más moderna.







Con respecto a las otras posibles mascotes, hay una con caja rosa totalmente diferente. A no ser que estas vayan marcadas (y no he conseguido más que esta imagen donde no se ve ningún detalle más), hay que ser cuidadoso a la hora de atribuir una caja a un muñeco determinado, porque podría ser suya  … o no. 

(Edito a 26/10/2019, he encontrado estas muñecas con su etiqueta, se llaman MILÓCAS. Su etiqueta es muy parecida a las María Helena, añado dos fotografías abajo)







Termino con una buena noticia. Hace pocos años, Álvaro António Cardoso Santos, hijo de Maria Helena, donó al pueblo luso de Oeiras maquinaria, muñecos y memorabilia relacionada con las muñecas de su madre. Me parece un buen destino para este material tan interesante que en la mayoría de las industrias muñequeras españolas ha terminado en la basura. Con parte de él se hizo una exposición de cuyas crónicas he sacado algunos datos para esta entrada y tengo que decir que me ha encantado conocer mejor a las mascotes.  Adeus bonecos lindos.


       *  Las imágenes con el nombre de mi blog son de mi propiedad.
        * El resto de las imágenes las he tomado de la página face de Oeiras y de Ebay, Ruby Lane, Pinterest, Todo Colección y  Etsy.

 

11 de enero de 2017

Estereotipos de España a través de sus muñecas

Ya sabemos que los tópicos existen en todas partes y de la misma forma que pensamos que en Londres siempre hay niebla y toman el té puntualmente a las 5 (sin que falten las pastas), también muchos extranjeros nos han visto “a través de la mirada de los estereotipos”. Osea, que los españoles siempre dormimos la siesta, estamos de fiesta, corremos delante de los toros por cualquier calle y por supuesto vestimos de forma habitual con trajes de sevillana. No hay que tomárselo en serio, con los años afortunadamente nos vamos conociendo mejor y todos podemos aprender aspectos de otros países que, por supuesto, incluyen que en el nuestro se cosan maravillosos vestidos de sevillana y quien pueda se eche alguna siesta en verano.
Y tenía que ser que dentro del mundo de los juguetes los tópicos tuvieran su presencia. Durante decenas de años se han fabricado muñecas representado a la mujer andaluza, aunque también en menor medida de otras regiones del país y hoy en día siguen estando a la venta en los puntos turísticos de pueblos y ciudades.  Fuera de España es fácil encontrarlas porque a lo largo del tiempo muchos turistas han metido una en su maleta de regreso a casa. Así llegaron a mi mano en Reino Unido  estas dos pequeñas sevillanas: una de terracota de unos 18 cms de altura y otra de tela del fabricante Kumple. De la primera destacan los ojos durmientes, su peluca de mohair y el alegre y vistoso vestido. Desconozco su fabricante porque no va marcada ni lleva etiqueta.

La segunda fue hecha en Barcelona y de la misma marca salieron muchos modelos diferentes representando no solo una gran variedad de trajes regionales sino profesiones diversas y  hombres y mujeres con ropa deportiva o de calle.  Me fijo en las cuidadas ropas y complementos y el derroche de imaginación que tuvieron sus creadores para fabricar tantos muñecos distintos. Es una delicia contemplarlos. He encontrado en E-Bay un antiguo catálogo de los años 50 ó 60 y pongo una de las páginas donde sale una bailadora muy parecida a la mía.
Este tipo de muñecas no eran para jugar sino para ser expuestas como un bonito  recuerdo de las vacaciones.